
A veces es gracioso ver cómo nuestra percepción nos juega malas pasadas, intentando que confundamos la fantasía con la realidad. Y a veces la fantasía acaba pareciéndose de una forma tan abrumadora a nuestras propias vidas que hasta nos cuesta distinguir si somos, o no, personajes de ficción.
Este plano de Galicia fue el único testamento que un viejo cura galleguista dejó a su sobrino antes de morir. Al principio Adrián no comprendió el significado que tenía el legado de su tío, y cuando acabó sus estudios en la universidad decidió recorrer mundo, para ver si así por fin comprendía qué pintaba en este mundo y conseguía identificarse con una gran ciudad como Madrid o París. Pero Adrián no lo consiguió y, decepcionado, emprendió su viaje de vuelta a Galicia. Fue entonces cuando comprendió quién era, de dónde venía y a qué lugar pertenecía realmente. Y así entendió qué significaba aquel viejo plano de Galicia.
Creo que hace tiempo prometí despedirme, y dejarte este plano es la mejor forma que he encontrado para hacerlo.
Buen viaje, Solovio.
PD. Si nos echas de menos, recuerda que tan sólo estamos a 10000 kilómetros de distancia y a un golpe de teclado :)
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