5 de enero de 2008

Para empezar...


Suena: Storms in Africa (Enya)

Ha llegado un diluvio imparable a la ciudad.

Parece que llora y llora inconsolable los primeros días del nuevo año, esperando agotar de una sola vez todas sus reservas de lágrimas. Escupe de golpe y con rabia todo lo que no ha sido capaz de expresar durante el año pasado. Y parece que yo, por fin, vuelvo a ser una expectadora de excepción en todo esto que a ella, tarde o temprano, la secará y a mí, poco a poco, me humedece por dentro. Así que le voy a poner mi canción de lluvia favorita para escucharla en silencio. Y apoyaré mi frente en la cristalera para compartir una diminuta dosis de frío y humedad con ella esperando que se calme, que respire hasta dejar de agitar todo con la rabia de un niño caprichoso. Será una caricia mutua y mil gotas de agua.

Mi valle llora y llora al otro lado del cristal y yo lo observo en silencio... porque quizá, en el fondo, nos parezcamos demasiado.


Namás una lágrima. Una, pero bien llorada (Flor, en Spanglish)

1 comentario:

Vicente Torres dijo...

Es agradable contemplar la lluvia, aunque admito que si se prolonga durante mucho tiempo puede llegar a aburrir.
Llora el cielo, como decía Neruda, y el valle se vuelve más verde. Llorar también es vivir.