30 de septiembre de 2011
A plena luz
Me dejé vendar los ojos lentamente. Dejé que ocurriera sin apenas darme cuenta, porque poco a poco, mientras todo se quedaba a media luz, los sentidos me decían que todo lo que estaba por venir supliría con creces cada color, cada matiz o destello dejado atrás.
Me dejé cegar despacito. Dejé que susurros inseguros y caricias infundadas suplieran cada rayo de luz de la mañana. Creí palabras borrosas, sentimientos livianos, omisiones conscientes.
Lo hice porque nadie conoce el momento preciso ni la dosis adecuada cuando se trata de entregar el alma. Y a veces nos acabamos ofreciendo en una sobredosis letalmente ciega.
Ahora, al fin, vuelvo a ver.
"Hay discursos exagerados que ocultan afectos mediocres; como si la plenitud del alma no se desbordara a veces por las metáforas más vacías, puesto que nadie puede jamás dar la exacta medida de sus necesidades, ni de sus conceptos, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas." (Mme. Bovary - Gustave Flaubert)
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