16 de noviembre de 2005

Tomad el corazón de mi niño



Con motivo de la fiesta de Aid al Fitr, el equivalente musulmán a la Navidad cristiana, que se celebra después de finalizar el Ramadán, Ahmed Jatib, de 12 años, recibió como regalo de su padre un traje que consideró incompleto. Le faltaba la corbata. Tanto insistió que su padre, Ismael, le dio un poco de dinero para que se pudiera comprar una.
Ahmed salió de su casa en el castigado campo de refugiados de Yenín y cuando se encontraba a pocos metros de la tienda, soldados israelíes que patrullaban el área para capturar a un miliciano palestino le dispararon. Era el 3 de noviembre.
Ahmed Jatib resultó gravemente herido y los propios soldados le trasladaron al hospital de Afula. Después fue trasladado al centro Maimónides de Haifa, también israelí. De jueves a sábado, Ahmed se debatió entre la vida y la muerte, y al tercer día expiró. Eran fechas de fiesta entre los de su credo, la celebración de Aid al Fitr, en las que las familias musulmanas rezan, visitan a sus allegados, organizan comidas y muestran su generosidad con regalos a sus seres más queridos, en un ambiente propicio para las buenas acciones.
"Tenía seis hijos. Hoy tengo cinco más los otros cinco que mi hijo salvó", dice Ismael, el padre de Ahmed. Porque sobreponiéndose a la inmensa tragedia de su pérdida, e imbuídos quizás por ese ambiente de buenas acciones en la festividad de los musulmanes, los padres del pequeño tomaron una decisión que ha conmocionado a israelíes y palestinos. Sí, donaron los órganos de su hijo a un hospital de Israel, el Schneider, situado en la ciudad de Petaj Tikwa, próxima a Tel Aviv.
"La decisión vino del dolor que tenía dentro. Quería que Ahmed fuese una carta de paz, todo pueblo tiene símbolos de paz. Yo decidí que este acto fuera mi rama de olivo, un ejemplo para el pueblo israelí y, sobretodo, para que los niños que han recibido sus órganos actúen en favor de la paz"
(Ismael Jatib, mecánico en un pueblo al otro lado del muro)

Adaptado de un editorial en Crónica, 13-11-2005

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay muerto que no me duela,
no hay un bando ganador,
no hay nada más que dolor
y otra vida que se vuela.
La guerra es muy mala escuela
no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.

Y a nadie le dí permiso
para matar en mi nombre,
un hombre no es más que un hombre
y si hay Dios, así lo quiso.
El mismo suelo que piso
seguirá, yo me habré ido;
rumbo también del olvido
no hay doctrina que no vaya,
y no hay pueblo que no se haya
creído el pueblo elegido


(Milonga del moro judío.-Jorge Drexler)


que preciosa la historia... esas son las "pequeñas grandes cosas" que aún te hacen creer en la humanidad y conservar las ganas de luchar por un mundo mejor :)

bicos!!

Vicente Torres dijo...

Era preciso que te gustara esa historia.

Cascabel dijo...

Es increible. a pesar de todo el odio que puede engendrar una guerra como esa, a pesar de todo SIEMPRE hay alguien que es capaz de engendrar paz, diluir el odio en una accion como esa. Esas personas son el futuro, esas actuaciones son las que nos salvaran a todos de disolvernos en la maldas de las personas que nos obligan a hacer, a ser, a pensar como quieren que pensemos. Esa es la prueba de que existe OTRO CAMNIO es necesario que lo mostremos como tu lo has hecho. Es necesario mostrarlo al resto del mundo. Gracias.
un abrazo guapa!