Jamás lo hagas.
Jamás te atrevas a pensar que te he olvidado.
Porque el hecho de que te hayas marchado,
la certeza de que te hayas ido,
me ha dejado sangrando poemas inconclusos.
Y tus recuerdos son ahora castillos de arena
que se deshacen
bajo unas manos
frías,
trémulas,
vacías,
de todo lo visible y lo invisible.
A veces no levantamos muros para alejarnos, sino para ver a quién le importamos lo suficiente para echarlos abajo.
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