18 de octubre de 2011
Nada más allá
- ¿Y tú que sistema sigues?
- El de prueba y error.
No era cierto... o parcialmente sí. Probaba y erraba continuamente, pero últimamente nunca aprendía de los fallos de su sistema.
- El mío es... vivir el momento, sin pensarlo.
El chico del barco la rodeó por la espalda con sus brazos y besó su mejilla. Y en ese instante un tren de pasajeros cruzó la vía al otro lado de la frontera. En el mismo instante en que los ojos se le empañaron con los recuerdos de un beso similar el diez de septiembre.
El nueve de septiembre había cometido el error más bonito de su vida. Había confesado sus sentimientos por primera vez con palabras, de forma sincera, sin condiciones.
"Te quiero, te amo"
No se borraba de su cabeza. Quería pensar que era imposible recibir una respuesta así y que fuera mentira. Quería borrarla de su cabeza, borrar los cinco últimos meses de amor y dolor. Pero después de esas palabras no había nada más allá en su mente. Absolutamente nada más que ese susurro en la oscuridad.
"Quiero ser el primero y el último"
Y entonces, cuando alcanzó el momento en que se acostaba y se despertaba cada día con la misma tristeza en los ojos, llegó el chico del barco, con sus grandes ojos castaños y su sonrisa tímida. Ella sabía decir dónde se siente la tristeza más profunda, justo en el fondo de los ojos. Pero poco a poco se fue evaporando.
Cuando el chico del barco la besó suavemente en los labios volvió a casa lanzando su pequeño bolso al aire, susurrando un bolero por las calles empedradas. Pensó que le habían devuelto la oportunidad de amar algún día... Y de repente, desde su ventana, volvió el silencio.
Porque, realmente, no había nada más allá.
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